martes, 19 de noviembre de 2013

Son las 4 y media de la mañana

"Conocía las consecuencias de sus actos pero también sabía que iba a cometerlos. Ya se lo advirtió una vez y ambos decidieron que fuera así. Sabe que en horas se le habrá olvidado o no querrá acordarse de lo que han hecho. Él seguirá igual de indiferente, de frío, de distante y ella lo mirará con la misma tristeza con la que lo miró la primera vez que descubrió que ya no la quería. Volvía a hacerse daño después de tanto tiempo mentalizandose de que se acabó. Es más, ella sabe que lo que han hecho le hará más daño que la despedida que no recibió. Porque él se fue así, sin más. Sin pedir permiso para salir del corazón de ella, de su vida. Porque se fué sin dejar nota, sólo el rastro de unas lágrimas que ella no podía parar.
¿Quién besó primero? Fueron esos chupitos de tequila. Esa dósis de alcohol que ambos se metieron en el cuerpo y que llegaron al beso más cálido que nunca habían probado. Una lengua que no dejaba de meterse en medio, una respiración que apenas podía camuflarse, unas caricias que dejaron marcada la piel de los dos. Y en pocas horas ambos tenían que volver a una realidad con su toque a resaca. 
Lo peor de esas horas de un supuesto amor es que tenían escrita la palabra "adiós". Llegó esa despedida que ella no quería encontrar pero que, en una noche de fiesta, fueron pronunciados por los labios que ella tanto deseaba, pronunciado sin decir palabra, sólo con besos."
Una fotógrafa plasmando lo que su cabeza por las noches le grita

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