viernes, 6 de septiembre de 2013

Cierto es que ya el número 8 se encuentra en todos los rincones

"Y entonces efectivamente soy un monstruo, un monstruo con cabello alborotado y sueños en la piel. Un monstruo con vestido de letras y maquillaje ligero. Soy un monstruo de esos terribles a los que les dejas la puerta abierta de tu piel y causa destrozos. Un monstruo libre y eterno, con los dedos empapados en tinta, un monstruo deseoso de utilizar tu cuerpo como lienzo, como hoja. Soy un monstruo que llora y no puede dormir, un monstruo que desperdicia insomnios imiaginándote y vuelve eterna las noches soñandote. Soy un monstruo con el amor de cobija y las nubes de suelo. Soy un monstruo que pide caricias y besos. Y entonces me miro fijamente en el espejo, me miro a través de pupilas que se dibujan en mis pupilas, trazando en hojas de papel pedazos de eternidad que robo en forma de poesía que viene de de otro lugar, de otro tiempo, encontrándome, llevándome hacía dónde conozco sin saber y dónde estoy sin saberlo."

Irrealidad no. 8 - Mercedes Reyes Arteaga

Y con este texto me doy cuenta que todo lo que he pensado hoy, todos esos oscuros pensamientos y esas palabras de miedo, desesperación y estupidez han sido para llegar a una única conclusión: no tiene sentido que piense así de mal de alguien que me quiere. Sobre todo no tengo que pensar que no me quiere, está conmigo, me lo ha repetido millones de veces y seguramente no sea perfecta pero aguanta mis imperfecciones y mis meteduras de pata. Quizás sí que sea especial para alguien más que para mi madre. Y hasta ahora, las lágrimas son las que tenían todas las soluciones.

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