viernes, 2 de agosto de 2013

“Al fin y al cabo, mañana será otro día”

Ella mantiene la esperanza de que en algún momento el móvil sonará y será él pero a la vez sabe que se aleja cada vez más de aquella vida. Se ha dado cuenta de cuanto ha perdido y lo poco que va a recuperar después de eso, sabe que jamás va a encontrar algo así, ni lo más mínimo. Por las situaciones, por la persona, por los momentos, sabe que nadie va a poder darle nada con tanta intensidad y tanto sentimiento. Ella se ha dado cuenta de la gran equivocación y parte de ella ya ha admitido que no va a volver. La otra parte es esa esperanza de la que ya he hablado.
Porque los días no mejoran, las situaciones siguen igual de congeladas como las conversaciones que no tienen. Porque ayer ella recibió unas palabras que no eran para ella y se sintió como si ese golpe se lo dieran a ella porque sabe que en el fondo se las merece. Había vivido momentos así antes pero ahora se siente desarmada, como si le hubieran quitado una vida que no le pertenecía y se la han regalado a otra persona. Se siente tan vacía que por mucho que pase nunca podrá llenarla de nuevo. Porque se ha ido, sólo hay un amor en esta vida y el de ella se aleja por la playa.
Lo que ella no entiende es por qué todo tiene que recordarle a él, ya sea una canción que jamás escuchó con él, un sitio que pocas veces a frecuentado, un olor que él no conocía, un amigo del que no sabe nada, un blog que esconde unas simples imágenes. Tampoco entiende porqué siempre le repiten las mismas palabras, esas que le hacen más daño que cualquier otra cosa, esas que supuestamente se dicen para ayudar pero sabiendo que la culpa es de ella de poca ayuda son. Las oportunidades llegan a un límite y las de ella ya han cruzado la meta del final.
Sólo le quedan un par de canciones sin recuerdos, varias gotas de alcohol del malo y unas amigas que llevaban 18 años escondidas debajo de las piedras.

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